Anoche empezaron las palpitaciones, los sudores fríos, los nervios, los temblores... Estaba con el mono. Con el mono de las rebajas. Son una de las mejores cosas que ha inventado el ser humano. ¿A quién se le ocurriría?
Esta mañana me he plantado en zara, que es mi tienda favorita de la vida (al menos mientras sea pobre, cuando sea rica puede que la cambie por Chanel, Gucci... ya veré) y ha sido una experiencia... maravillosa!! Bueno, hubiese estado mejor sin tantas colas y señoras peleando por ver quién se le había colado a quién o quién había visto primero no se qué vestido, pero aun así, merece la pena.
Yo me he comprado dos vestidos. Uno que, según de mi madre, es de señora mayor pero le gusta. No sé, a mí me ha parecido elegante... Y otro que me enamoró hace mucho pero me dije: "Para. Sé fuerte. Espera hasta las rebajas". Y mi pequeño ha sido super valiente y ha aguantado ahí para mí. ¡¡Más de un mes!! Ese es el verdadero placer de las rebajas. Y de la vida, porque son esas pequeñas cosas las que le alegran a una la mañana.
Bueno, y luego me he comprado unos zapatos, que me he dicho "estos zapatos seguro que son cómodos... y encima me han dado caja (que parece una tontería, pero a mí es la primera que me dan y me ha hecho ilusión)... y en la web ya están agotados... y en la tienda solo queda un par... Me los llevo!!". Total, que aquí los tengo. Es facilísimo engañarme a mí misma. Pero es que los zapatos son mi punto flaco (bueno, eso y los vestidos, como veis). Aunque sepa que es imposible que me ponga esos zapatos para salir la calle y que no podré llevarlos nada más que unos minutitos y solo si permanezco sentada... me los compro. Y es que, ¿qué sería la vida sin esos impulsos?
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